Escribir es poner a orear las ideas, ponerlas al sol en un tendedero en forma de palabras. Escribir es producto de la necesidad de expresar las maneras en que uno percibe el mundo a través de los sentidos del cuerpo. Las formas de procesar esas percepciones dependen de las creencias que integran nuestra identidad y que nos hacen entender la realidad de maneras disímiles. Por tanto, no hay un mundo, hay millones de mundos, así como hay personas. Existen mundos virtuales, mundos posibles que se construye y deconstruye. No hay realidad.

Mi mundo lo escribo, mi mundo lo transformo con las palabras y lo comparto con los que me lean. Los que me leen construyen sus mundos distintos al mío, y cada quien en su mundo cercado por el espacio sensorial y el espacio de la interpretación se conforma con la emoción, con esas sensaciones placenteras o ingratas que llamamos la vida. Vivamos pues.